La psicopatología social

Estamos rodeados de muchas mentiras de la civilización, creencias que además de una pacificación vil de nuestra cultura, mas que hacer síntomas sociales nos hacen parecer cada vez mas “tontos”, ya que aun con todos los avances científicos, aun no podemos detener las adicciones, los accidentes de transito, el terrorismo, los síntomas, las enfermedades, ni siquiera podemos ponernos de acuerdo en modelos de familia, somos pura Psicopatología. La escuela no enseña, los hospitales no curan y los gobernantes no gobiernan.

No podemos creer que la pobreza y el desempleo solamente sean las causales típicas de nuestros malestares culturales de la época actual, ni tampoco debemos engañarnos que todo esta mal por la falta de políticas coherentes, o que si invertimos mucho dinero en educación, todos seremos educados y normalizados para funcionar en esta sociedad. Si bien es dable a pensar que con otros formatos más inteligentes se podrían arribar a beneficios mayores, pero al fin “elegimos” lo que tenemos.

Repito, estos reduccionismos solo nos hacen ver aun más tontos, ya que en los momentos críticos actuales emergen las grandes complejidades humanas. Si nos abocamos a paliar la crisis sin entender sus significantes y sin que nos hagamos cargos de ellos, nunca superaremos la angustia del goce hacia la muerte.

Después nos preguntamos por que se mueren los que se suicidan. O por que mueren los que chocan en motos, en autos, por que mueren los que son asaltados. O por que mueren los adictos, o los sidoticos. En algo estoy de acuerdo con la Dra. Martha Gerez Ambertin, psicoanalista, y es que los “argentinos no nos queremos curar”. O al menos eso parece.

Los nuevos síntomas se desarrollan y se “tratan” alrededor de una temible farmacopea, el sujeto sintomático de hoy solo quiere que el ataque de pánico sucumba bajo el rivotril o el clonazepam. Yo me pregunto: ¿Cómo va a hacer este sujeto para calmar su pánico?, la medicación no cura, tapa la verdadera respuesta. Solo hay que hacerle una pregunta: dígame… ¿que es lo que lo asustó?, y si debo sincerarme… todos estamos con mucho miedo.

El otro día estuve en un Congreso de psicoanálisis, interesante la temática: culpa, violencia y poder. Allí un grupo de estudiosos del humanismo centraron sus esfuerzos en mejorar las leyes para controlar los malos comportamientos de los alumnos en las escuelas y para que los padres sean responsables de los actos de sus hijos y de la educación de los mismos. Asombrado por el vitoreo de los presentes pregunte… ¿acaso eso no está regulado en el código civil, en patria potestad y en sus deberes y obligaciones?, quieren crear mas leyes y yo reflexiono: quien lee las leyes???. Solo los abogados, la gente se casa y no tiene idea de la legislación del casamiento, del régimen patrimonial de la sociedad conyugal, tiene hijos y no conoce cuales son sus deberes o sus derechos. Y es hasta dispensable… las personas tienen hijos por un “mandato genético” y un “mandato socio-emocional”, pero después que traen un hijo al mundo… Que cornos se hace con él cuando empieza a hablar, a pensar, a usar la Internet y nos pregunta: ¿para que me trajiste a este mundo?.

Hoy los psicólogos tratamos “los trastornos mentales”, se confecciono un tratado de los trastornos mentales, estadístico, cuidadoso y meticulosamente.

Descriptivo como ninguno, abarca casi toda la sintomatología, es odiado por los psicoanalistas, aborrecido por los gestalticos y usado por los cognitivistas y la psiquiatría actual. Es un libro llamado DSM IV, que para mi sorpresa lo leyeron muy pocos, lo criticaron muchos, lo usaron bien algunos y lo mal usaron la mayoría. Hoy en día las obras sociales y los diagnósticos psicológicos deben llevar su codificación y tabulación. No reniego de esto, es parte nuestra, de nuestra humanidad. Pero después de las Obras Completas de Freud, los seminarios de Lacan (incompletos, ya que Miller los publicara a todos recién para el 2010), pasamos al positivismo puro del DSM IV, aunque en parte hace remisiones a la gnoseología psicoanalítica -nada es tan puro-.

En fin. Mi pregunta a todas las personas que pueden llegar a leer esta reflexión es: ¿Qué vamos a hacer con nuestras producciones?, y digo nuestras por que no las crea nadie mas que nosotros mismos, los muertos son nuestros muertos, los accidentes son nuestros, los síntomas son nuestra individual e interesante producción. Y no nos asombremos cuando un hijo nuestro se drogue o cometa delitos o simplemente se adapte al medio social y perdure en infelicidad obtusa, lleno de dinero y de cargos políticos vacuos.

Quiera dios que nadie se vaya a suicidar o a cometer un acto accidentológico (similar a un suicidio) que le cause la muerte. Que hay casos que escapan que son fortuitos y que deben obedecer sin ninguna duda a un destino prefijado por alguien o por algo, ni pienso discutirlo, ya es asunto del poeta Jorge Luís Borges.

Para un simple psicólogo, que tiene su lugar de trabajo lleno de demanda, solo cabe hoy esta pequeña reflexión a modo de interpretación, tratando, de decir algo y de no quedarse callado.

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