El Misachico

- Puedo lavarle el auto?
Me bajaba de la camioneta, lerdo, medio pensando en la fiesta de anoche, había comido un asadito con los changos, luego de salir del Juzgado, López llevo el vino ese que tanto me gusta, el Malbec de Finca Don Diego de Fiambalá.
- Señor, señor… Puedo lavarle el auto?.
Eran las 16 en Catamarca hace calor en serio. Le digo a mi esposa.
- Negra!!!, te parece hora para ir al misachico???
Y sin embargo seguíamos el camino de mica, plegarias, ornamentos de oro, otros a la par también, obedeciendo al rito.
-Señor. Señor.
Ya se había envalentonado el pendejo.
- Que queres nene!!!, que queres???.
- Puedo lavarle la camioneta? Solo pague lo que pueda. Sino se la cuido aunque más no sea.
Enseguida divisé en el Palco oficial, al gordo Brizuelo, su esposa, unos Curas, unos Monseñores, y el sequito de changos con la misma resaca mía.
Cuando alcanzaron a verme llegar levantaron un brazo con la mano blanca hacían señas de: vení, vení. Medio cómplice tararié la baguala de fondo, que se escuchaba por los altoparlantes, saque un billete de cinco mangos y le di al limpiador de autos que me seguía como un perro cuando me asegure que me ellos me miraban.
Al rato nomás empezó el acto religioso, era importante que asistiéramos, los fondos de las regalías mineras se estaban por poner en juego. Solo lamentaba haber venido con esta resaca, sabía que me quitaría energía negociadora, pero como somos tres los que pretendemos organizar y distribuir la torta, entonces que más da.
La negra estaba charlando sobre la beneficencia y otras pavadas, allá cerca de unos puestitos de morondanga que ponen los fieles para vender algo. Internamente me tranquiliza que no se meta. Es tan recta y firme en sus convicciones. No toleraría ni un centavo que ella no ganara. Recuerdo que mi madre me dijo que era una buena mujer, pero muy cómoda. Bueno, no le entendí nada, la vieja ya estaba senil y celosa. Es buena la Negra. Perdonadora.
La luz seguía prendida, quemaba el sol catamarqueño. Corrió un viento fuerte y caliente, tuve que cerrar los ojos unos momentos. Las risas, los cuentos, los rezos, los cerros, los cánticos, las cruces, la opulencia de este lado de la plaza, la miseria invisible del otro.
Cuando volví en mi, sobre la calle apareció el padre Chazampi, desde la otra vereda…
- Este viene a romper los huevos de nuevo, me dijo Brizuelo.
- Quédate quieto boluuu, ni pensés en sacarlo ahora. Detuvo en voz baja a la vigilancia privada.
Al cascoteado cura, le decían el “enano Enrique”, pequeño en porte, de mirada en tropel, justiciero zonzo, ya nada podía perder, ni el sol lo quemaba, ni el viento cerraba sus ojos, las alpargatas rotas no detenían el calor del pavimento, de fiero daba miedo.
Así cruzaba… sin prisa. Medio que empecé la reculada, este viejo siempre dice las cosas de frente, tal vez alguno le batió la jugada de la regalía minera, y posta que armaba el quilombo, por sea caso me voy con las viejas a tomar una coca.
Ahí del otro lado, estaba la gente, se armaba el grupo de seguidores sobre los atuendos de la Virgen del Valle, embobadas en lo religioso, meta rezar por pan, trabajo y platita para pagar la motito, mientras en la antípoda del acto, Chazampi estaba trenzao con la cúspide, quien sabe para que carajo se bate en duelo, ni conciencia de clase tienen estos ignorantes, uno les crea trabajo y ni van a laburar. Todos quieren vivir del Estado. Que pecado tendrá este cura para redimirse por los otros giles. Ya lo van a trasladar pal interior. En unos meses nomás.
De lejos veía al cura, al gobierno y a López medio charlando, medio enojados, medio calientes. Largo fue el tirón de discusiones, como quince o veinte minutos habrá durado. Ya la procesión largaba para la Gruta. Astuto el político, con el poder y la ley en la mano tuerce la voluntad y logra calmar al cura que se niega a aceptar la realidad, discute y al fin se va.
Volví a darme cuenta que varios institutos estaban ya perimidos, la democracia, la igualdad, el bien común, la familia, los partidos políticos, hasta el misachico era una farsa.
Medio que dude hasta de mi mismo, un miedito tonto apareció en el borde superior del estomago, pero alcance a meter un par de gotas de rivotril sublingual y se despejo el cagazo. Al fin y al cabo todos tenemos miedo hoy en día, todos.
- En fin. Que se lo banque el gobernador. De última yo estoy a su servicio. Le dije a nadie en voz alta.
La tarde blanca, de sol blanco, macho fuerte en la alturas, ya picaba la mollera, cansados de caminar desde la plaza 25 de Mayo hasta la de Choya invite que vamos a mi finca a una picadita con unos porrones frescos.
Y allí sobre la mesa de madera fina que fue de mi abuelo, donde se había escrito parte de la constitución provincial, acordamos mi veinte por ciento, el diezmo eclesiástico, lo que corresponde para los representantes del YMAD, para los Juzgados de minas, para los proveedores del Estado, para gente de Tucumán que salio de abajo e’ las piedras, y encima para sorpresa de todos, sobraba guita.
Ya estaban en curda la mayoría, yo apenas podía mantenerme en pie, deje mi número de cuenta al Contador Funes y como tenía el hígado destrozado por el noble vino de anoche, con paso cansino tome a mi esposa de su mano y nos fuimos a casa a dormir. Al fin era domingo y mañana había que trabajar.
DATOS DE AUTOR:
NOMBRE Y APELLIDO: BRUNO DARIO JEREZ. DNI: 21385771
CARRERA DE ABOGACIA. bjerez10@hotmail.com
TEL. 03833 15524436. 03833 43399.
DELEGACION CATAMARCA. UG 131.
Licenciado en Psicología Bruno Jerez - Catamarca - Argentina - MP 74